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lunes, 30 de noviembre de 2015

LA VISIÓN DEL HOMBRE MAYA



Un día le pregunté a don Isidro  cuál era la visión del hombre maya.
(Por Carlos Barrios, antropólogo)

           “Para entender nuestra visión –me dijo- tienes que saber cómo los vemos a ustedes. Recién entonces podrás comprender el ciclo natural, el plan cósmico en el cual hemos vivido, las enseñanzas que nos legaron nuestros padres y abuelos. Lo que voy a decirte no es con ánimo de ofender, ni siquiera de comparar o de intentar imponerte una forma de pensar, puesto que no estamos en competencia; es más, aunque en este momento la mayoría de la humanidad está a merced y bajo el dominio del pensamiento clazan (hombre blanco), quien ejerce un dominio tanto en el sentido espiritual como en el material (económico), debes saber que esto que ha sucedido en los últimos siglos ya estaba escrito. Nuestros profetas habían anunciado a los abuelos la venida de los invasores y advirtieron que la dominación duraría irremediablemente hasta que terminara la gran noche (período de 492 años).

          Primero deben entender que hay dos visiones, dos formas de plantearse la existencia. El mundo occidental parte de un razonamiento abstracto. Éste es resultado del desamparo en que viven, pues el materialismo es solamente un paliativo en el instante de separación con la naturaleza. Cuando conformaron las grandes ciudades sin integrarlas a la naturaleza se enfermaron de posesión. Los hombres comenzaron a creer que eran dueños de la tierra. Luego crearon doctrinas religiosas que al volverse meras imposiciones dogmáticas perdieron su esencia y se convirtieron en instrumentos de dominación de masas. De este dogmatismo y puritanismo religioso brincaron hacia una ilusión mayor: el materialismo, que de la mano de la tecnología los tiene sumidos en un enorme desconcierto, en el libertinaje  en el culto a lo material. Hoy juegan a ser dioses apoyados en la alta tecnología. Esto solo ha traído destrucción al planeta, pues creen tener una orden divina para destruir y poseer las mentes y las vidas de las personas.

Hay un grupo pequeño que maneja toda la tecnología y sólo ven a los demás como números, como títeres con una vida útil de productividad. Para mantenerlos así los sumen en la ignorancia del ser, les hacen creer que son libres pero viven en estados policíacos, bajo normas y leyes que benefician a unos pocos. Es muy triste ver que se han olvidado de vivir, se han olvidado del respeto hacia el Gran Padre y cada día contaminan más a nuestra madre naturaleza. Como parte de esta manipulación algunos se han refugiado en un temerario fundamentalismo religioso, pero no alcanzan a dar una respuesta adecuada. Con esta ilusión se espera acceder a un paraíso en el que se vivirá en armonía y paz, pero desafortunadamente, este reino no es de esta vida y hay que esperar la muerte para alcanzar el bienestar y mientras tanto sufrir estoicamente, ser pobres (pues el rico difícilmente entrará al reino de los cielos) y aceptar a pie juntillas los lineamientos que se les imponen

          En este camino elaboraron conceptos y abusaron del uso de la razón. De la mano de la ciencia han pretendido aclarar y dar valor a todo, lo que no pueden comprender o demostrar es anulado, negado y/o desprestigiado. Durante todo este tiempo han intentado imponer su visión desoyendo las verdades de otras culturas.
        Todo esto los llevó a volverse escépticos respecto de sí mismos, perdidos en laberintos de razonamientos que ellos mismos crearon. Perdieron el rumbo y se convirtieron en víctimas de la ilusión de la razón.

       Al aislarse de la naturaleza, el temor entró en sus vidas. Crearon reglas para regir el comportamiento humano que son un culto a la contradicción y rompen con el orden natural, pues en este sistema el hombre pasó a ser propietario de la madre tierra y no a la inversa como en nuestra concepción. Según su tradición religiosa tienen dominio sobre todos los seres y sobre la naturaleza; pueden disponer de la vida y de los recursos de nuestros hermanos animales y plantas. En nombre del desarrollo han dispuesto el destino de todos los que formamos parte de la creación.



 (Kam Wuj, El Libro del Destino. Astrología Maya. Ludovica Squirru y Carlos Barrios, Editorial Sudamericana. 2001. Pag. 87-89.)

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